PRIMERA
CARTA A LOS SAMPEDRANOS
De Carlos León
hijo de Víctor, hijo de Cristóbal a los nobles e ilustrísimos ciudadanos de San
Pedro de Lloc:
“Por San Pedro
¡De pie, ciudadano!...”, es la frase inicial de nuestro hermoso himno que empieza
así para alentar a los hijos de esta ciudad y empaparlos de civismo y amor por
nuestra patria chica. Una tierra en la que han confluido las más diversas
gentes muchas de las cuales vinieron con fines laborales o de esparcimiento y
que quedaron prendados por la tranquilidad y aspecto pintoresco de este pueblo.
San Pedro, es pues hogar de todos los que habitamos en la ciudad y sus
cercanías y que llevamos en nuestras venas el fervor patriótico que nos impulsa
a enaltecer la ya gloriosa ciudad.
¿Gloriosa?, sí,
muy gloriosa y cuna de héroes que han dejado junto a su impronta el estigma del
nombre de la ciudad de las lagartijas en los anales de la historia de la
República Peruana.
Pero, ¿es que
acaso podrá ser cubierta con la arena del desierto la determinación de Rázuri
en la batalla de Junín o la astucia de Oyagüe al hundir la Covadonga? ¿Nos limitaremos
a contemplar la gloria pasada de nuestro pueblo como quien deja empolvarse el
más valioso de los libros jamás escritos? ¿Nos resignaremos a vislumbrar el
atraso patente que aqueja a nuestro pueblo? ¿Hablaremos de moral en las
escuelas y calles manteniéndonos al margen cuando la ciudad del puente-arco necesita
atención urgente en sus problemas cotidianos? Quien escribe esta misiva
pretende no solo enaltecer la belleza de nuestro pueblo y las virtudes de sus
moradores, sino que quiere alentar el civismo de sus ciudadanos en aras del
progreso.
Sobre los Sampedranos:
Antonio
Raimondi, sabio italiano, quien recorrió el Perú fascinado por la riqueza
cultural, histórica y natural de nuestro país, murió en esta ciudad. ¿Por qué
escogería el famoso naturalista como residencia a esta ciudad? Narra la
historia que Arrigoni, su amigo de la infancia, le recomendó venir a la ciudad
por su buen clima que contribuiría a restablecer su salud. Durante el tiempo
que vivió aquí recibió visitas de los moradores de la ciudad, lo cuales dieron
muestras de hospitalidad con el visitante.
¿Cómo es el
ciudadano Sampedrano? Al igual que los vecinos que acudieron a visitar al sabio,
los sampedranos de nuestra época son hospitalarios y jubilosos, apegados a la
tradición, amantes tanto de un buen plato de tamal como de un vaso de chicha de
jora, amigos de conocer al vecino y al amigo más por un apodo familiar que por el
nombre de pila, famosos por su tradicional pellón, por sus héroes, por los
ilustres ciudadanos que aquí vivieron y por una poco recordada batalla librada
en sus cercanías. Algunos de sus pobladores se dedican a la ganadería de
subsistencia; siembran arroz, hortalizas y frutales; laboran como docentes en
las escuelas de la ciudad, son músicos, técnicos, amigos del volante y en
resumen una ciudad que, de querer, puede ser pujante y entusiasta.
Como el resto
de pueblos, el nuestro muestra en su religioso escudo las tres virtudes más
preciadas que exhibe en una blanca bandera:
PAZ:
El
turista que vea por primera vez nuestra bandera observará una inscripción en la
que figura los tres ideales de nuestro pueblo: Paz, Unión, Orden.
San
Pedro es un pueblo pacífico, donde se escucha fácilmente la voz del viento y se
puede presenciar en calma tanto el enrojecido crepúsculo como una estrellada
noche. Sin embargo, es la mansedumbre de nuestra gente la que ha tullido a
nuestro pueblo a tal punto de convertirlo en uno de los más atrasados de la
provincia. Personalmente me opongo firmemente a todo acto de vandalismo y de
subversión pues no conlleva al progreso de los pueblos; pero las sociedades no
deben ser sumisas ni mucho menos consentir abusos de las autoridades que
desobedecen las leyes y perjudican fratricidamente a sus conciudadanos.
Agregaré
que los problemas de nuestro pueblo exigen del compromiso de todos los
ciudadanos: Los docentes buscando mejorar el nivel académico de sus alumnos, los
comerciantes tratando de convertir la ciudad en un foco comercial ofreciendo
variedad de productos y calidad al momento de ofertarlos, los agricultores
capacitándose para mejorar la productividad de la tierra y haciendo un uso
racional de lo que ganan e invierten, los servidores públicos siendo honestos y
justos al desempeñar sus funciones, los estudiantes aprovechando las lecciones
y correspondiendo al sacrificio de sus padres, los trabajadores esforzándose en
sus labores y el ciudadano de a pie cumpliendo con sus obligaciones morales y
civiles como padres, hijos y peruanos.
UNIÓN:
Nuestro
escudo también exhibe este noble ideal, mostrémonos al mundo dignos de ser
considerados un pueblo unido.
“La unión hace la fuerza” es una pequeña
muestra de la sabiduría popular que recalca el valor de la unión entre los
ciudadanos de un pueblo, pero no debemos de ceder ante las mentes maliciosas
que para su conveniencia confunden este noble ideal con el de la complicidad en
el delito. Una y otra son tan diferentes como el agua y el aceite, la primera
busca el bienestar general mientras la segunda es egoísta y beneficia a pocas personas
o más frecuentemente una dirigencia ávida por enriquecerse.
Cuando
las dirigencias de las diversas asociaciones persigan el bienestar de nuestro
pueblo más que porcentajes de las ganancias o arreglos bajo la mesa donde se
reparten recursos ajenos podremos cantar “…trabajemos unidos labrando su
grandeza y prosperidad…”, el día en que cesen las estafas entre vecinos, los
políticos palabreros y corruptos, la molicie entre los trabajadores y la
indiferencia del pueblo ante los asuntos de su ciudad diremos “¡Viva San Pedro,
pueblo de gesta!”.
ORDEN:
Por
orden se denota la obediencia a las leyes de nuestra República, los ciudadanos
sampedranos al identificarse con su patria deben demostrar respeto por sus
leyes y garantizar el cumplimiento de estas. El orden de nuestro escudo también
nos impele a la moderación en los diversos aspectos de nuestra vida.
Sobre los deberes morales del ciudadano:
Para seguir
enalteciendo nuestra ciudad, como ciudadanos tenemos como obligaciones las siguientes:
- - Cumplir con las leyes peruanas.
- - Respetar los derechos de los demás.
- - Respetar la naturaleza, los bosques y la vida silvestre.
- - Conservar el patrimonio de la ciudad y no dañar los monumentos para que puedan ser disfrutados por los demás.
- - Conocer la historia y gesta de los héroes locales.
- - No ser ajenos a los problemas del pueblo, participando cada vez que la ciudad exija la acción de sus ciudadanos.
- - Contribuir al buen ornato de la ciudad.
- - Promover la cultura dentro de tu ciudad empezando por ti mismo y continuando por las personas de tu casa.
- - Tratar amablemente al turista así como al ciudadano sampedrano.
- - Transmitir las tradiciones culturales de una generación a la siguiente.
Sobre el patrimonio de los Sampedranos:
La hermosa
iglesia que visitas unos cuantos domingos al año, la plaza de armas, las viejas
palmeras, el riachuelo cantor y las aves del cielo son parte del patrimonio de
nuestra ciudad. El patrimonio de la ciudad es todo aquel conjunto de cosas
materiales o no que debemos conservar para que pueda ser disfrutado por las
generaciones venideras.
Tal vez
preguntarás “Al ser patrimonio de mi ciudad ¿puedo hacer uso de este dado que
pertenece a todos los peruanos?”, te responderé: “mi amigo, dado que somos treinta
millones de peruanos sería injusto entregarte menos de una treinta millonésima
parte del agua de la acequia o de las chilalas del bosque, así que dejad en paz
lo que no es tuyo para deleite de todo el mundo”. Te envalentonarás y me dirás
“mi dirigente dice que he de luchar por mis derechos avalados por la
constitución”, a esto diré “Y has de hacerlo en la medida que cumplas con tus
obligaciones con tu familia y con tu patria”; entonces medio enfadado dirás
“pero ¿para qué he de esmerarme en cumplir con mis obligaciones si nadie
reconocerá mi esfuerzo?” y a esto responderé “¿Acaso no ofrendaron su vida Grau
y Bolognesi aun sabiendo que serían olvidados por tanto ingrato que ni siquiera
conoce su encomiable gesta?”.
Sobre la riqueza forestal de nuestra ciudad:
A diferencia de
otros pueblos de la Tierra, el nuestro puede presumir de dichoso. Contamos
áreas boscosas que ciudades tan ricas como Dubái anhelarían tener, con un aire
tan puro tal que es un lujo el simple hecho de respirar. Sin embargo, nuestros
bosques languidecen ante la descuidada mirada de alcaldes que han permitido y
muchas veces han alentado la deforestación. Nuestros árboles de algarrobo y
zapote, antaño casi sagrados sucumben ante el filo de las hachas de gente
inescrupulosa y de las murmuraciones de miedicas que se muestran valientes sólo
cuando están en grupo.
Poblador
sampedrano: Tu ciudad ha sido bendecida por Dios, al darnos una tierra fértil,
hermosos bosques y un clima templado. ¡No permitas que este pequeño retazo del
cielo se pierda en las páginas de la historia!
Debes saber
además que el estado peruano en su legislación prohíbe la tala de especies
protegidas como el algarrobo, lo cual es un crimen ante los ojos del hombre y
de Dios.
Sobre la continuidad de la tradición:
“Un pueblo sin
historia es como un hombre sin memoria”, es decir, es necesario recordar las
hermosas gestas de un enérgico Rázuri, de un ingenioso Oyagüe, de los héroes
del 40, rememorar al humeante tren que recorría la comarca, exaltar el trabajo
de los agricultores de esta tierra que la labran esmeradamente cada cosecha, conocer
las historias populares de nuestra tierra: el tesoro de Cupisnique, la historia
del Cacique Santiago de Lloc, la fundación de la ciudad y la proclamación de su
independencia.
La tradición se
transmite de padres a hijos y es la memoria de un pueblo, “no se quiere lo que
no se conoce” resume la importancia de conocer nuestra historia para querer
verdaderamente nuestro pueblo.
Sobre las dirigencias:
¡Noble
ciudadano!, no sucumbas ante la oratoria de quien jura y perjura sobre la
dulzura de la hiel; existen en nuestra ciudad personas que buscan el beneficio personal
y que usan a los demás para escalar en la pirámide social. Reza el adagio “Dime
con quién andas y te diré quién eres”, pues entonces evita andar con
oportunistas que utilizan a los demás para hacerse de tierras y de dinero, en
vez, invierte tu tiempo y dedícate a actividades nobles al espíritu leyendo una
Biblia o un libro interesante. Apártate de los mentirosos pues estos son presos
de su propia hipocresía, cuidándose de que no se les caiga su máscara al mínimo
movimiento.
Recuerda que un
buen dirigente es líder, consulta a todos en vez de imponer, no tiene arreglos
bajo la mesa, trata respetuosamente y nunca insinúa maldades a sus
representados. Un dirigente rinde cuentas cada mes y respeta las decisiones de
la mayoría en vez de usar la fuerza, al buen dirigente se lo reconoce por ser
trabajador, respetuoso de las leyes y respetado por su labor.
Sobre las elecciones:
Es un error
pensar que nuestra situación económica y social cambiará gracias al ascenso o
salida de un gobernante: la riqueza de los pueblos se hace con hombros
trabajadores y mentes inspiradas de hombres de a pie como tú o yo. Tal vez me objetes:
“Fulano es bondadoso por regalarme un kilo de arroz”, te preguntaré: “¿Acaso la
conciencia de la gente honrada se puede comprar como algo tan material como la
comida?”, sabes bien que no.
Dirás “En su
lema proclama honradez y promete no robar”, yo te inquiriré “¿Acaso no es
verdad que muchos casados juran ante Dios amor eterno y rompen al segundo año?”,
tú me rebatirás “Pero es de tal partido donde todos somos del pueblo y para el
pueblo” y a esto contestaré “¿acaso no siempre vemos en los establos ovejas
negras entre tantas blancas?”
Me replicarás:
“Pero eres apolítico, dado que todos son tan malos ¿por quién he de votar?”, te
responderé “por quien ofrezca menos cosas irrealizables”, me dirás “pero fulano
es ingeniero, él sabe cómo hacer las cosas”, yo diré “No te dejes engañar por
los títulos, recuerda que no son los títulos los que honran al hombre sino el
hombre a los títulos”, tú me mencionarás “Mengano es mi pariente, debo apoyar a
mi sangre”, yo objetaré “Puedes apoyarlo sin ser cómplice, vigilando que no
sucumba a la tentación del poder”. Me preguntarás “¿Cómo hare entonces para no
ser burlado por los políticos y lograr el progreso de mi pueblo?”, te diré “Aparte
de cumplir con tus obligaciones de buen ciudadano, instrúyete lo más que puedas
pues los oportunistas y corruptos detectan al ignorante como detecta un tiburón
una gota de sangre en el mar”. Finalmente te diré “Evita el fanatismo de
cualquier tipo, haz gala de la noble y siempre libre conciencia que Dios te ha
regalado y que nadie puede comprar pues arquitecto eres de tu vida y destino”.
Sobre los gobernantes:
Muéstrate
respetuoso de las leyes y coopera en los programas que incentivan el desarrollo
propiciados por el gobierno, sin embargo, esto no quiere decir que apañes los
viles actos de corrupción que brotan esporádicamente. Recuerda que tú eres el
pueblo, en una democracia “kratos: poder, demos: pueblo” el pueblo tiene el
poder de elegir pero también el poder y el deber de fiscalizar.
Dirás “¿por qué
ha de ser mi obligación fiscalizar el actuar de mis gobernantes?”, responderé
“¿no es correcto que un padre reprenda a un hijo por una actitud equivocada?”, sugerirás
“y si pido a mi gobernante me beneficie en la medida que le pida” y yo te diré
“La obligación de un gobernante no es la de beneficiar a personas específicas,
sino a la población en general. Cuando se hace una escuela o un hospital no es
gracias a Mengano, sino a los impuestos de todos los que con su trabajo
contribuyen al fisco”.
Sobre la familia:
La familia es
la piedra angular de una sociedad, por ende, tú que eres parte esencial de esa
sociedad en miniatura debes saber que es importante que cooperes en su
desarrollo. ¿Cómo hacerlo?, debes saber que el trabajo por más sencillo que sea
dignifica al hombre y es la mejor contribución del hombre a su patria. El
trabajo es motivo de orgullo al igual que las raíces familiares, me dirás “siento
vergüenza por ser peruano y no ser extranjero”, te replicaré “¿Existirá en el
resto del mundo un lugar más imponente que Machu Picchu, una sociedad tan
amigable como la nuestra, paisajes tan bellos como los de nuestro país por
resumir sus principales bondades?”, comentarás “pero soy hijo de migrantes” y
te diré “mis ancestros fueron agricultores cajamarquinos y estoy orgulloso de
ello”, replicarás “pero mi trabajo no es muy valorado, nadie me da importancia”
y te responderé “somos como abejas en un panal, cada trabajo es importante.
Esmérate más y prepárate, pues un hombre honrado beneficia más a su patria que
cien deshonestos juntos”.
Mencionaré que
la construcción de un pueblo pujante y laborioso lleva su tiempo, cita el
refrán “Roma no se hizo en un solo día”, finalizaré esta misiva recordándote
que:
San Pedro es faro de peruanismo,
donde Raymondi vivió su afán,
que luce, en nuestra regia
provincia,
su señorío de Capital.
San Pedro es cofia de tradiciones,
Ciudad de gloria, de amor y de luz,
lar del trabajo y del altruismo,
segmento hermoso de mi Perú.
Atte. Carlos León Chacón
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